LA TÁCTICA
DELIMITACIÓN DE CUESTIONES
El Partido Internacional Comunista Obrero se debe fundar para organizar acciones comunes de los proletarios de los diferentes países, acciones cuyo objetivo común es la derrota del capitalismo, el establecimiento de la dictadura del proletariado y de una República Internacional de concejos a fin de lograr la total supresión de las clases y la realización del socialismo, primer paso de la sociedad comunista
Se trata de la táctica a emplear en nuestra lucha por la dictadura del proletariado. Se trata de los medios a emplear en la conquista, para los principios del comunismo, de la mayoría de la clase obrera, de los medios a emplear para organizar los elementos socialmente determinantes del proletariado en la lucha por la realización del comunismo. Se trata de las relaciones con los sectores pequeño-burgueses proletarizados, de los medios y procedimientos a adoptar para destruir lo más rápidamente posible los órganos del poder burgués, reducirlos a cenizas y emprender la lucha final internacional por la dictadura.
La cuestión de la propia dictadura como única vía conducente a la victoria está fuera de discusión. El desarrollo de la revolución mundial demostró claramente que sólo hay una alternativa en la situación histórica actual: dictadura capitalista o dictadura proletaria.
La revolución mundial, es decir la destrucción del capitalismo, la concentración de las energías revolucionarias del proletariado y la organización del proletariado en una potencia agresiva y victoriosa exigirá un período bastante largo de combates revolucionarios.
La diversa agudización de los antagonismos, la diferencia de la estructura social y de los obstáculos a superar según los países, el alto grado de organización de la burguesía en los países de gran desarrollo capitalista de Europa Occidental y de EE.UU., son razones suficientes para que la victoria de la revolución mundial no sea inmediata.
La revolución mundial no es un proceso que avanza en línea recta; es la disolución lenta del capitalismo, es el sabotaje revolucionario cotidiano que se intensifica de tiempo en tiempo y se concentra en crisis agudas.
El curso de la revolución mundial se ha tornado aún más dificultoso debido al hecho de que poderosas organizaciones y partidos obreros, es decir tanto los partidos como los sindicatos socialdemócratas, fundados por el proletariado para guiar su lucha contra la burguesía, se transformaron en instrumentos de influencia contrarrevolucionaria y de inmovilización del proletario.
La ilusión con la cual los socialdemócratas y los burócratas sindicales han apartado a las masas obreras de la lucha revolucionaria, la ilusión de que podrían, renunciando a la conquista del poder político mediante la lucha revolucionaria, obtener gradual y pacíficamente el peder económico y el derecho a administrarse por sí misma, esa ilusión va muriendo poco a poco.
En todas partes la democracia burguesa se vio obligada a desenmascararse, en mayor medida en los viejos estados democráticos burgueses que en los nuevos estados surgidos del derrumbe capitalista
Por todas partes la burguesía trata de hacer recaer sobre la clase obrera las consecuencias de la creciente anarquía económica, de prolongar la jornada de trabajo y obtener una disminución de los salarios. En todas partes las burguesías encuentran auxiliares en la socialdemocracia y en la burocracia sindical. Sin embargo, estos últimos pueden retrasar el despertar de las masas obreras para un nuevo combate y la aparición de nuevas olas revolucionarias, pero no pueden impedirlo.
Lo que debemos esperar no es el debilitamiento de la revolución mundial ni el reflujo de sus olas sino todo lo contrario: en las circunstancias dadas, lo más verosímil es una exasperación inmediata de los antagonismos y de los combates sociales.
LA TAREA MÁS IMPORTANTE DEL MOMENTO
El problema más importante de los partidos comunistas obreros (no estalinistas) en la actualidad es la conquista de la influencia preponderante sobre la mayoría de la clase obrera y la inclusión en el combate de las fracciones decisivas de esta clase.
Pues si bien es verdad que estamos en presencia de una situación económica y política objetivamente revolucionaria en la cual puede estallar imprevistamente la crisis revolucionaria más aguda luego de una gran huelga, de una rebelión colonial, de una nueva guerra o también de una gran crisis parlamentaria, etc...., la mayoría de los obreros aún no se hallan bajo la influencia del comunismo, sobre todo en los países donde el poder particularmente fuerte del capital financiero hizo que vastos sectores de obreros fuesen corrompidos por el imperialismo (por ejemplo en Inglaterra y en los EE.UU.) y donde la verdadera propaganda revolucionaria entre las masas no ha comenzado.
El objetivo de los partidos comunistas obreros no es la formación de pequeñas sectas que intenten ejercer su influencia sobre las masas obreras únicamente mediante la agitación y la propaganda, sino la participación en la lucha de las masas obreras, guiando esta lucha en el sentido comunista y constituyendo en el proceso del combate grandes partidos comunistas revolucionarios.
El partido comunista obrero repudia las tendencias sectarias y acepta su deber de colaborar en los sindicatos, de participar en ellos a fin de vencer a su burocracia reaccionaria desde adentro y de transformarlos en organizaciones revolucionarias de las masas proletarias, instrumentos de combate. Esto, por más pequeños que sean esos partidos comunistas.
El partido comunista obrero no debe cerrarse en círculos de propaganda sino que debe poner a disposición de la formación y la organización del proletariado todas las posibilidades que la constitución del Estado burgués está obligada a brindarles: libertad de prensa, libertad de reunión y de asociación y las instituciones parlamentarias burguesas, por más lamentables que sean, para hacer de ellas armas, tribunas, plazas de armas del comunismo. En cuanto a los sindicatos y al parlamentarismo el partido comunista obrero repudia abiertamente todas las tendencias sectarias.
Los partidos comunistas obreros deben separarse no solamente de los reformistas declarados sino también de los centristas y de los nacionoalista. De esta manera el campo de batalla se torna mucho más claro para las masas proletarias, lo que facilitará los futuros combates.
La teoría del fortalecimiento del comunismo solamente mediante la propaganda y la agitación, mediante la creación de otros sindicatos comunistas, ha fracasado totalmente. En ninguna parte pudo ser creado de este modo ningún partido comunista de cierta influencia.
La acción de los comunistas en el seno de los sindicatos adquiere una importancia decisiva. Ninguna crítica del Partido, proveniente de afuera, podría ni siquiera en una mínima medida ejercer sobre las masas una influencia similar a la que puede ser ejercida por el trabajo cotidiano y constante de las células comunistas en los sindicatos, mediante un trabajo tendiente a desenmascarar y a desacreditar a los traidores y a los burgueses del sindicalismo.
La agitación práctica debe adquirir un carácter mucho más concentrado, más tenso y enérgico. No debe dispersarse en medio de las situaciones y las combinaciones cambiantes y variables de la política cotidiana. De todos los acontecimientos, pequeños o grandes, siempre debe extraer las mismas conclusiones fundamentales revolucionarias e inculcarlas a las masas obreras, aun a las más atrasadas.
Abstracción hecha del problema de saber si esos acontecimientos revolucionarios decisivos sucederán más o menos pronto, un Partido comunista moralmente formado, totalmente compenetrado de voluntad revolucionaria, hallará la posibilidad, aun en la actual época de preparación, de movilizar a las masas obreras en el campo político y económico y de dar a su lucha un carácter más claro y más amplio.
Las tentativas realizadas por elementos revolucionarios impacientes y políticamente inexpertos, que quieren emplear en problemas y para objetivos aislados los métodos extremos que por su esencia constituyen los métodos de la sublevación revolucionaria decisiva del proletariado, esas tentativas pueden, en caso de aplicación, reducir a la nada por largo tiempo la preparación realmente revolucionaria del proletariado para la conquista del poder.
El rechazo de esos métodos extremadamente peligrosos constituye un deber para el Partido comunista obrero. Pero ese deber no puede en ningún caso favorecer la inactividad del Partido sino todo lo contrario.
Reforzar la unión del Partido con las masas significa, ante todo, vincularlo más estrechamente a los sindicatos. El objetivo no consiste de ningún modo en que los sindicatos estén sometidos mecánica y exteriormente al Partido y renuncien a la autonomía que deriva necesariamente del carácter de su acción, sino en que los elementos verdaderamente revolucionarios reunidos en el Partido comunista obrero impriman, en el marco mismo de los sindicatos, una tendencia que responda a los intereses comunes del proletariado en lucha por la conquista del poder.
La fusión del agrupamiento sindicalista revolucionario con la organización comunista en su conjunto es una condición necesaria e indispensable de toda lucha seria del proletariado.
Sólo se logrará superar y aislar a las tendencias que propugnan la acción prematura y vencer la imprecisión de principios y el separatismo de organización de los sindicalistas-revolucionarios cuando el propio Partido, como ya lo hemos dicho, se convierta, al tratar de manera verdaderamente revolucionaria todo problema de la vida y de la lucha cotidiana de las masas obreras, en un centro de atracción para éstas.
Los partidos comunistas obreros se convertirán en partidos de masas revolucionarios si saben vencer el oportunismo, sus supervivencias y sus tradiciones en sus propias filas, tratando de vincularse estrechamente con las masas obreras combatientes, deduciendo sus objetivos de las luchas prácticas del proletariado, rechazando en el curso de esas luchas tanto la política oportunista del allanamiento de los antagonismos insuperables como las frases revolucionarias que impiden distinguir la relación real de fuerzas y las verdaderas dificultades del combate.
Los principios de los partidos comunistas obreros forman el único ámbito en el cual las masas obreras podrían reunirse nuevamente, pues esos principios expresan las necesidades de la lucha del proletariado. Y dado que ello es así, actualmente son los partidos y las tendencias social-demócratas, centristas y nacionalistas las que representan la división y el parcelamiento del proletariado, en tanto que los partidos comunistas constituyen un elemento de unión.
COMBATES Y REIVINDICACIONES PARCIALES
Los partidos comunistas sólo pueden desarrollarse en la lucha. Aun los más pequeños de los partidos comunistas no deben limitarse a la simple propaganda y a la agitación.
Deben constituir, en todas las organizaciones de masas del proletariado, la vanguardia que demuestre a las masas atrasadas, vacilantes, cómo hay que llevar a cabo la lucha, formulando para ello objetivos concretos de combate, incitándolas a luchar para reclamar la satisfacción de sus necesidades vitales, y que de ese modo le revele la traición de todos los partidos no comunistas. Sólo a condición de saber colocarse al frente del proletariado en todos los combates y de provocar esos combates, los partidos comunistas pueden ganar efectivamente a las grandes masas proletarias para la lucha por la dictadura.
Toda la agitación y la propaganda, toda la acción del Partido comunista deben estar impregnadas de la creencia de que, en el terreno del capitalismo, no es posible ningún mejoramiento duradero de la situación de las masas del proletariado, que sólo la derrota de la burguesía y la destrucción del Estado capitalista permitirán trabajar para mejorar la situación de la clase obrera y restaurar la economía nacional arruinada por el capitalismo.
Pero esa creencia no debe llevarnos a renunciar al combate por las reivindicaciones vitales actuales e inmediatas del proletariado, en espera de que se halle en estado de defenderlas mediante su dictadura.
El progresismo que ahora, en momentos en que el capitalismo ya no está en condiciones de asegurar a los obreros ni siquiera una existencia de esclavos satisfechos, presenta el viejo programa social-demócrata de reformas pacíficas, reformas que deben ser realizadas por la vía pacífica en el terreno y en el marco del capitalismo en quiebra, este progresismo engaña a sabiendas a las masas obreras.
No solamente el capitalismo durante el período de su desintegración es incapaz de asegurar a los obreros condiciones de existencia algo humanas sino que también los social-demócratas, los reformistas de todos los países, prueban diariamente que no tienen la menor intención de llevar a cabo ningún combate por la más modesta de las reivindicaciones contenidas en su propio programa.
Reivindicar la socialización o la nacionalización de los más importantes sectores de la industria, como lo hacen los partidos centristas, es engañar a las masas populares. Los centristas no sólo han inducido a las masas a error al intentar persuadirlas de que la socialización puede arrancar de manos del capital los principales sectores de la industria sin que la burguesía sea vencida, sino que también tratan de desviar a los obreros de la lucha vital real por sus necesidades más inmediatas, haciéndoles esperar un embargo progresivo de las diversas industrias, unas tras otras, después de lo cual comenzará la construcción “sistemática” del edificio económico. Retroceden así al programa mínimo de la socialdemocracia, es decir a la reforma del capitalismo, lo que es actualmente una verdadera trampa contrarrevolucionaria.
Si en ese programa de nacionalización, de la industria del carbón por ejemplo, desempeña aún un papel la idea lassalleana de fijar todas las energías del proletariado en una reivindicación única para convertirla en una palanca de acción revolucionaria que conduzca por medio de su desarrollo a la lucha por el poder, en ese caso estamos ante el sueño de un visionario: la clase obrera sufre actualmente en todos los países capitalistas de males tan numerosos y espantosos que es imposible combatir todas esas cargas aplastantes y sus efectos persiguiendo un objetivo demasiado sutil y totalmente imaginario. Por el contrario, es preciso tomar cada necesidad de las masas como punto de partida de luchas revolucionarias que en su conjunto puedan constituir la corriente poderosa de la revolución social. Los partidos comunistas no plantean para este combate ningún programa mínimo tendiente a fortalecer y a mejorar el edificio vacilante del capitalismo. La ruina de este edificio sigue siendo su objetivo principal, su tarea actual. Pero para cumplir esa tarea, los partidos comunistas deben plantear reivindicaciones cuya realización constituya una necesidad inmediata y urgente para la clase obrera y deban defender esas reivindicaciones en la lucha de masas, sin preocuparse por saber si son compatibles o no con la explotación usuraria de la clase capitalista.
Los Partidos comunistas deben tener en cuenta no las capacidades de existencia y de competencia de la industria capitalista, no la fuerza de resistencia de las finanzas capitalistas sino el aumento de la miseria que el proletariado no puede y no debe soportar. Si esas reivindicaciones responden a las necesidades vitales de las amplias masas proletarias, si esas masas están compenetradas del sentimiento de que sin su realización su existencia es imposible, entonces la lucha por esas reivindicaciones se convertirá en el punto de partida de la lucha por el poder. En lugar del programa mínimo de los reformistas y centristas, el partido comunista obrero plantea la lucha por las necesidades concretas del proletariado, por un sistema de reivindicaciones que en su conjunto destruyan el poder de la burguesía, organicen al proletariado y constituyan las etapas de la lucha por la dictadura proletaria, cada una de las cuales, en particular, sea expresión de una necesidad de las grandes masas, aún si esas masas todavía no se ubican conscientemente en el terreno de la dictadura del proletariado.
En la medida en que la lucha por esas reivindicaciones abarque y movilice a masas cada vez más grandes, en la medida en que esta lucha oponga las necesidades vitales de las masas a las necesidades vitales de la sociedad capitalista, la clase obrera tomará conciencia de que si quiere vivir, el capitalismo debe morir. Esta comprobación hará surgir en ella la voluntad de combatir por la dictadura. La tarea de los partidos comunistas consiste en ampliar las luchas que se desarrollan en nombre de esas reivindicaciones concretas, en profundizarlas y vincularlas entre sí. Toda acción parcial emprendida por las masas obreras en pro de reivindicaciones parciales, toda huelga económica seria, provoca inmediatamente la movilización de toda la burguesía para proteger a los empresarios amenazados y para imposibilitar toda victoria aunque sea parcial del proletariado. La burguesía moviliza también todo el mecanismo de Estado para combatir a los obreros. Los obreros que luchan por sus reivindicaciones parciales son llevados automáticamente a combatir a toda la burguesía y a su aparato de Estado. En la medida en que las luchas por reivindicaciones parciales, en que las luchas parciales de los diversos grupos de obreros se amplíen en una lucha general de la clase obrera contra el capitalismo, el Partido comunista tiene el deber de proponer consignas más elevadas y más generales, incluidas la de la derrota directa del adversario.
Al establecer sus reivindicaciones parciales, los partidos comunistas deben vigilar que esas reivindicaciones, que tienen su origen en las necesidades de las amplias masas, no se limiten a arrastrar a esas masas a la lucha, sino que por su propia naturaleza puedan organizarlas.
Todas las consignas concretas que tienen su origen en las necesidades económicas de las masas obreras deben ser introducidas en el plano de la lucha por el control obrero, que no será un sistema de organización burocrática de la economía nacional bajo el régimen del capitalismo sino la lucha contra el capitalismo llevado a cabo por los concejos industriales y los sindicatos revolucionarios. Solamente por medio de la creación de organizaciones industriales de ese tipo, por su vinculación en ramas de la industria y en centros industriales, la lucha de las masas obreras podrá adquirir una unidad orgánica, se logrará efectivizar una oposición a la división de las masas de los reformistas y de los burócratas sindicales. Los concejos industriales realizarán esta tarea únicamente si surgen en la lucha por objetivos económicos comunes a los más amplios sectores de obreros, si crean el vínculo entre todos los sectores revolucionarios del proletariado: el Partido comunista, los obreros revolucionarios y los sindicatos en vías de desarrollo revolucionario.
Toda objeción contra el planteo de reivindicaciones parciales de este tipo, toda acusación de reformismo bajo pretexto de estas luchas parciales, derivan de esa misma incapacidad de comprender las condiciones reales de la acción revolucionaria que ya se manifestó en la oposición de ciertos grupos comunistas a la participación en los sindicatos y a la utilización del parlamentarismo. No se trata de predicar siempre al proletariado los objetivos finales sino de hacer progresar una lucha concreta que es la única que puede conducirlo a luchar por esos objetivos finales. Hasta qué punto las objeciones contra las reivindicaciones parciales están desprovistas de fundamento y son extrañas a las exigencias de la vida revolucionaria se derivan sobre todo del hecho de que aun las pequeñas organizaciones fundadas por los comunistas llamados de izquierda, como asilos de la pura doctrina, se han visto obligadas a plantear reivindicaciones parciales cuando han querido tratar de arrastrar a la lucha a masas obreras más numerosas que las qué le rodean o cuando quieren tomar parte en las luchas de las grandes masas populares para poder ejercer su influencia sobre ellas.
La naturaleza revolucionaria de la época actual consiste precisamente en que las condiciones de existencia más modestas de las masas obreras son incompatibles con la existencia de la sociedad capitalista, y que por esta razón la propia lucha por las reivindicaciones más modestas adquiere las proporciones de una lucha por el comunismo.
Los desocupados. Mientras que los capitalistas aprovechan al ejército cada vez más numeroso de los desocupados para ejercer una presión sobre el trabajo organizado tendiente a una reducción de los salarios y los reformistas, los nacionalistas, los independientes y los burócratas sindicales se apartan cobardemente de ellos, considerándolos simplemente como sujetos a la beneficencia gubernamental y sindical y los caracterizan políticamente como un lumpen-proletariado, los comunistas deben tomar conciencia claramente de que en las condiciones actuales el ejército de los desocupados constituye un factor revolucionario de gran valor. La dirección de este ejército debe ser tomada por los comunistas. Mediante la presión ejercida por los desocupados sobre los sindicatos, los comunistas deben apresurar la renovación de estos últimos y en primer lugar su liberación de la influencia de los burócratas sindicales. El partido comunista, al unir a los desocupados a la vanguardia del proletariado en la lucha por la revolución socialista, alejará a los elementos más revolucionarios e impacientes de los desocupados de actos desesperados aislados y capacitará a toda la masa para apoyar en condiciones favorables el ataque comenzado por un grupo de proletarios, para desarrollar este conflicto más allá de los límites dados, y convertirlo en el punto de partida de una decidida ofensiva. En una palabra, trasformará a toda esta masa, y de un ejército de reserva de la industria hará un ejército activo de la revolución.
Al tomar con la mayor energía la defensa de esta categoría de obreros, al descender en las profundidades de la clase obrera, los partidos comunistas no representan los intereses de un sector obrero contra otro sino los intereses comunes de la clase obrera, traicionados por los jefes contrarrevolucionarios en beneficio de los intereses momentáneos de la aristocracia obrera. Cuanto más amplio es el sector de los desocupados y de los trabajadores semi-desocupados, en mayor medida sus intereses se convierten en los intereses comunes de la clase obrera, en mayor medida los intereses momentáneos de la aristocracia obrera deben ser subordinados a aquéllos. El criterio que se apoya en los intereses de la aristocracia obrera para volverlos como un arma contra los desocupados o para abandonar a estos últimos a su suerte, destruye a la clase obrera y es, en los hechos, contrarrevolucionario. El partido comunista, en cuanto que representante de los intereses generales de la clase obrera, no puede limitarse a reconocer y destacar, mediante la propaganda, esos intereses comunes. Sólo puede representarlos eficazmente si conduce en determinadas circunstancias al grueso de las masas obreras más oprimidas y más pobres al combate contra la resistencia de la aristocracia obrera.
LA PREPARACIÓN DE LA LUCHA
El carácter del periodo de transición convierte en un deber para todos los partidos comunistas obreros la tarea de elevar al más alto grado su espíritu de combatividad. Cada combate aislado puede culminar en un combate por el poder. El partido sólo puede adquirir ese empuje necesario si imprime al conjunto de su propaganda el carácter de un ataque apasionado contra la sociedad capitalista, si sabe, en medio de esta agitación, vincularse con los sectores más amplios del pueblo, si sabe hablarles de modo tal que éstos tengan la convicción de hallarse bajo la dirección de una vanguardia que lucha efectivamente por el poder. Los órganos y los manifiestos del partido comunista no deben ser publicaciones académicas que tratan de probar teóricamente la justeza del comunismo sino gritos de llamada a la revolución proletaria. La acción de los comunistas en los parlamentos no debe tender a discutir con el enemigo o a persuadirlo sino a desenmascararlo sin reserva y sin merced, a quitar el disfraz a los agentes de la burguesía, a movilizar la voluntad de combate de las masas obreras y a conducir a los sectores pequeño-burgueses, semiproletarios, del pueblo a unirse con el proletariado. Nuestro trabajo de organización, tanto en los sindicatos como en los partidos, no debe apuntar a una construcción mecánica, a un aumento numérico de nuestras filas sino que debe estar compenetrado del espíritu de las luchas futuras. Sólo cuando el partido, en todas sus manifestaciones y en todas sus formas de organización, sea la voluntad de combate corporizada, estará en condiciones de cumplir su misión en los momentos en que las condiciones necesarias para las mayores acciones combativas estén dadas.
Allí donde el partido comunista obrero representa una fuerza masiva, donde su influencia se extiende fuera de los marcos de sus organizaciones partidarias, a las amplias masas obreras, tiene el deber de incitar mediante la acción a las masas obreras al combate. Los grandes partidos de masas no pueden conformarse con criticar la carencia de otros partidos y oponer las reivindicaciones comunistas a las suyas. En ellos, en tanto que partidos de las masas, descansa la responsabilidad del desarrollo de la revolución. En los lugares donde la situación de las masas obreras se torna cada vez más intolerable, los partidos comunistas deben hacer todos los esfuerzos para arrastrar a las masas obreras a defender sus intereses mediante la lucha. Ante el hecho de que en Europa occidental y en América, donde las masas obreras están organizadas en sindicatos y en partidos políticos, donde en consecuencia no se puede contar por el momento con movimientos espontáneos sino en muy pocos casos, los partidos comunistas tienen el deber, usando toda su influencia en los sindicatos, aumentando su presión sobre los otros partidos que se apoyan en las masas obreras, de tratar de lograr un desencadenamiento general del combate por los intereses inmediatos del proletariado. Y si los partidos no comunistas se ven obligados a participar en ese combate, la tarea de los comunistas consiste en preparar de antemano a las masas obreras para una posible traición en alguna de las fases ulteriores del combate, a tensar lo más posible la situación y a agudizarla con el objeto de poder continuar el combate, llegado el caso, sin los otros partidos. Si la presión del partido comunista en los sindicatos y en la prensa no es suficiente para arrastrar al proletariado al combate en un frente único, entonces el partido comunista debe tratar de movilizar por sí mismo a grandes fracciones de las masas obreras. Esta política independiente consistente en hacer defender los intereses vitales del proletariado por su fracción más consciente y activa no será coronada por el éxito, no logrará movilizar a las masas retrasadas a menos que los objetivos del combate derivados de la situación concreta sean comprensibles para las amplias masas y que esas masas consideren a esos objetivos como los suyos propios, aun cuando todavía no sean capaces de combatir por ellos.
Sin embargo, el partido comunista obrero no debe limitarse a defender al proletariado contra los peligros que lo amenazan, a detener los golpes destinados a las masas obreras. El partido comunista obrero es en el período de la revolución mundial, debido a su misma esencia, un partido de ataque, un partido de asalto contra la sociedad capitalista. Tiene el deber, en cuanto se emprende una lucha defensiva contra la sociedad capitalista, de profundizarla y ampliarla, de convertirla en una ofensiva. Además, tiene el deber de hacer todos los esfuerzos posibles por conducir en conjunto a todas las masas obreras a esta ofensiva, en los casos en que estén dadas las condiciones favorables.
Aquel que se opone en principio a la política de la ofensiva contra la sociedad capitalista viola las directivas del comunismo.
Esas condiciones consisten primeramente en la exasperación de los combates en el ámbito de la propia burguesía, en el marco nacional e internacional. Si las luchas intestinas en el seno de la burguesía han adquirido tal proporción que se puede prever que la clase obrera tendrá que habérselas con fuerzas adversarias fraccionadas y escindidas, el Partido debe tomar la iniciativa, luego de una minuciosa preparación en el campo político y si es posible en el de la organización interna, de conducir las masas al combate.
La segunda condición para las salidas, los ataques, las ofensivas en un frente amplio es la gran fermentación existente en las categorías decisivas de la clase obrera, fermentación que permite prever si la clase obrera estará dispuesta a luchar en todos los frentes contra el gobierno capitalista. Así como es indispensable, cuando el movimiento se extiende, acentuar las consignas de combate, también es un deber para los dirigentes comunistas del combate, en el caso de que el movimiento adquiera un cariz retrógrado, retirar de la batalla a las masas combatientes con el máximo de orden y cohesión.
El problema de saber si el Partido comunista obrero debe emplear la ofensiva o la defensiva depende de las circunstancias concretas. Lo esencial es que esté compenetrado de espíritu combativo, que salga de esa pasividad centrista que hasta retrotrae necesariamente la propaganda del partido a la rutina semirreformista. Esta constante disposición para el combate debe constituir la característica de los grandes partidos comunistas, no sólo porque sobre ellos, en cuanto que partidos de masas, descansa la carga del combate sino también en razón del conjunto de la situación actual: disgregación del capitalismo y pauperización creciente de las masas. Es preciso reducir este período de disgregación, si se quiere que todas las bases materiales del comunismo no sean destruidas y que toda la energía de las masas obreras permanezca intacta durante ese período.
El partido comunista obrero estará en mejores condiciones para ejecutar con éxito sus acciones de masas cuanto mejor sepa adaptar sus consignas de combate a la situación real, cuanto más estudie cuidadosamente esa situación y actúe con mayor cohesión.
Para una minuciosa apreciación de las posibilidades de lucha, el Partido Comunista Obrero deberá considerar atentamente los hechos y las reflexiones y sopesar cuidadosamente la legitimidad de las opiniones que señalan las dificultades de la acción. Pero desde el momento en que una acción ha sido decidida por las autoridades del partido, todos los camaradas deben someterse a las decisiones del partido y ejecutar esas acciones. La crítica de esas acciones sólo puede comenzar una vez que han sido terminadas; debe ser hecha en el seno del partido y de sus órganos, y considerando la situación en que se halla el partido en relación al enemigo de clase.
FORMA Y MÉTODOS DEL COMBATE DIRECTO
Las formas y métodos del combate, sus proporciones, así como el problema de la ofensiva o de la defensiva, dependen de ciertas condiciones imposibles de crear arbitrariamente. Las experiencias precedentes de las revoluciones demostraron diversas formas de acciones parciales:
1) Acciones parciales de sectores aislados del proletariado.
2) Acciones parciales del conjunto de los obreros en pro de objetivos limitados.
Desde el punto de vista territorial, esas luchas parciales pueden abarcar regiones aisladas, países enteros o varios países a la vez.
Todas esas formas de combate están destinadas, en el curso de la revolución en cada país, a sucederse repetidas veces. Evidentemente, el partido comunista no puede negarse a realizar acciones parciales territorialmente limitadas, pero sus esfuerzos deben tender a transformar todo combate local importante en una lucha general del proletariado.
Así como tiene el deber, para defender a los obreros combatientes de un sector de la industria, de llamar a las armas, si es posible a toda la clase obrera, también está obligado, para defender a los obreros que combaten en un lugar determinado, a movilizar, en la medida de lo posible, a los obreros de otros centros industriales. Las experiencias de las revoluciones demuestran que cuanto más grande es el campo de batalla mayores son las perspectivas de victoria. En su lucha contra la revolución mundial en desarrollo, la burguesía se apoya por una parte en organizaciones de combate contrarrevolucionarias (además del Estado) y además en la fragmentación efectiva de la clase obrera, en la lentitud real con que se forma el frente proletario. Cuanto más grandes son las masas del proletariado que entran en el campo de batalla más grande es éste y entonces el enemigo deberá diseminar y dividir sus fuerzas en mayor medida. Aun cuando los otros sectores de la clase obrera que acuden en ayuda de un sector del proletariado que se halla en dificultades no sean capaces, por el momento, de comprometer a todo el conjunto de sus fuerzas para apoyarlo, su sola intervención obliga a los capitalistas a dividir sus fuerzas militares, pues no pueden saber el grado de amplitud y acometividad que adquirirá la participación en el combate del resto del proletariado.
La burguesía, que cuenta con su fuerza y que se vanagloria de su solidez, sabe perfectamente, en la persona de sus gobernantes, que de ese modo sólo obtiene un momento de tregua y que en las condiciones presentes toda gran huelga tiende a transformarse en guerra civil y en lucha inmediata por el poder.
En la lucha del proletariado contra la ofensiva del capital, el deber de los comunistas consiste no solamente en ocupar los primeros lugares e instruir a los combatientes para que comprendan los objetivos esenciales a realizar mediante la revolución sino también en apoyarse en los elementos mejores y más activos en las empresas y los sindicatos para crear su propia tropa obrera y sus propias organizaciones de combate con el objeto de oponer resistencia a las organizaciones de combate contrarrevolucionarias y obligar a la juventud dorada de la burguesía a que pierda el hábito de provocar a los huelguistas.
Debido a la excepcional importancia de las tropas de ataque contrarrevolucionarias, el partido comunista, las células comunistas en los sindicatos, deben dedicar la mayor atención al problema del servicio de enlace e instrucción, al problema de la vigilancia constante a ejercer sobre los organismos de lucha, sobre las fuerzas contrarrevolucionarias, Estados mayores, sus depósitos de armas, las vinculaciones de sus cuadros con la policía, con la prensa y los partidos políticos y la preparación previa de todas las condiciones necesarias para la defensa y el contrataque.
De esta manera, el partido comunista debe inculcar a los más amplios sectores del proletariado, mediante los actos y la palabra, la idea de que todo conflicto económico o político puede, en caso de una coincidencia de circunstancias favorables, transformarse en guerra civil, durante la cual la tarea del proletariado consistirá en adueñarse del poder político.
El partido comunista, en presencia de los actos de terror blanco y de la violencia de la innoble caricatura de justicia de los blancos, debe mantener constantemente en el proletariado la idea de que, en el momento de la sublevación, no tiene que dejarse engañar por los llamados del adversario al apaciguamiento sino, por el contrario, mediante actos de jurisdicción popular organizada, convertirse en una expresión de la justicia proletaria y ajustar cuentas con los verdugos de su clase. Pero en los momentos en que el proletariado recién se encuentra en los comienzos de la tarea, cuando se trata de movilizarlo para la agitación por medio de campañas políticas y de huelgas, el uso de las armas y los actos de sabotaje sólo son útiles cuando impiden el transporte de tropas destinadas a luchar contra las masas proletarias combatientes o cuando tratan de arrancar al adversario una posición importante en la lucha directa. Los actos de terrorismo individual, aunque deben ser muy apreciados como prueba, como síntoma de la efervescencia revolucionaria y defendibles, si se considera la existencia de la ley de linchamiento de la burguesía y de sus lacayos reformistas y nacionalistas, sin embargo no logran de ninguna manera elevar el grado de organización y las disposiciones combativas del proletariado, pues despiertan en las masas la ilusión de que actos heroicos aislados pueden suplir la lucha revolucionaria del proletariado.
LA ACTITUD DEL PROLETARIADO CON RESPECTO A LOS SECTORES MEDIOS
En Europa occidental no hay ninguna otra gran clase que, fuera del proletariado, pueda ser un factor determinante de la revolución mundial como fue el caso de Rusia, donde la clase campesina estaba destinada de antemano, merced a la guerra y a la carencia de tierras, a ser un factor decisivo en el combate revolucionario, al lado de la clase obrera.
Pero en Europa occidental hay sectores de campesinos, grandes fracciones de la pequeña burguesía urbana, un amplio sector de ese nuevo Tercer Estado que comprende a los empleados, etc., que están colocados en condiciones de existencia cada vez más intolerables. Bajo la presión del encarecimiento de la vida, de la crisis de vivienda, de la incertidumbre de su situación, esas masas entran en un estado de fermentación que los arranca de su inactividad política y los arrastra al combate entre la revolución y la contrarrevolución. La bancarrota del imperialismo, la bancarrota del pacifismo y de las tendencias social-reformistas en el terreno de la contrarrevolución, impulsan a una parte de esas capas medias al campo de la revolución. El partido comunista debe prestar permanente atención a estos sectores.
Conquistar al pequeño campesino para las ideas del comunismo, conquistar y organizar al obrero agrícola, es una de las condiciones previas más esenciales para la victoria de la dictadura proletaria, pues permite transportar la revolución de los centros industriales al campo y crea las apoyaturas más importantes para resolver el problema del reabastecimiento, vital en la revolución.
La conquista de círculos bastante grandes de empleados del comercio y de la industria, de funcionarios inferiores y medios y de intelectuales facilitaría a la dictadura del proletariado, durante la época de transición entre el capitalismo y el comunismo, la solución de los problemas técnicos y de organización de la industria, de administración económica y política. Provocará el desorden en las filas del enemigo y acabará con el aislamiento del proletariado ante la opinión pública.
Los partidos comunistas deben vigilar atentamente la fermentación de los sectores pequeñoburgueses, deben utilizar a esos sectores del modo más apropiado, aun cuando todavía no estén liberados de las ilusiones pequeñoburguesas. Deben incorporar a las fracciones de intelectuales y de empleados liberados de esas ilusiones al frente proletario y ponerlos al servicio del entrenamiento de las masas pequeñoburguesas en fermentación.
La ruina económica y el quebrantamiento de las finanzas públicas resultantes obligan a la propia burguesía a librar a la base de su propio aparato gubernamental, los funcionarios inferiores y medios, a una creciente pauperización. Los movimientos económicos que se producen en esos sectores afectan directamente la estructura del Estado burgués, y aun cuando éste se reafirme temporalmente, le será imposible asegurar la existencia material del proletariado mientras mantenga su sistema de explotación. Al hacerse cargo de la defensa de las necesidades económicas de los funcionarios medios e inferiores con toda su fuerza de acción y sin consideraciones por el estado de las finanzas públicas, los partidos comunistas realizan un trabajo preliminar eficaz para la destrucción de las instituciones gubernamentales burguesas y preparan los elementos del edificio gubernamental proletario.
LA COORDINACIÓN INTERNACIONAL DE LA ACCIÓN
Para que todas las fuerzas del Partido Internacional Comunista Obrero puedan ser movilizadas con el objeto de quebrar el frente de la contrarrevolución internacional para lograr la victoria de la revolución, es preciso esforzarse con toda energía por dar a la lucha revolucionaria una dirección internacional única.
El partido internacional impone a todos los Partidos comunistas el deber de prestarse recíprocamente en el combate el apoyo más enérgico. Las luchas económicas que se desarrollan exigen en todas partes donde sea posible la intervención del proletariado de los otros países. Los comunistas deben actuar en los sindicatos para que estos últimos impidan por todos los medios no solamente la introducción de rompehuelgas sino también el boicot a la exportación hacia los países en los que un sector importante del proletariado está en lucha. En el caso en que los gobernantes capitalistas de un país adopten medidas de violencia contra otro país para devastarlo o sojuzgarlo, el deber de los partidos comunistas es no conformarse con protestas y hacer todo lo que esté a su alcance para impedir las expediciones de saqueo por parte de su gobierno.
En el orden de la política universal, el papel del partido internacional comunista consiste no solamente en realizar manifestaciones en ocasión de acontecimientos particulares sino en lograr el perfeccionamiento del vínculo internacional entre los comunistas en su lucha común y constante en un único frente. El deber del partido internacional comunista consiste en intensificar al extremo el esfuerzo en todos los sectores del frente mundial del proletariado y hacer todo lo posible por apoyar las luchas decisivas de cada sección de la Internacional comunista por todos los medios a su alcance. Esta vinculación debe observarse en el hecho de que cuando se inicia una gran crisis en un país, en los otros los Partidos comunistas deben esforzarse por agudizar y provocar el desbordamiento de todos los conflictos internos.
Para conducir esta lucha hasta la victoria, debe ahogar en germen toda tendencia y todo brote centrista en sus propias filas y probar, mediante su acción cotidiana, que es el partido internacional de la acción comunista y no la de la frase y la teoría comunistas. El partido internacional comunista es la única organización del proletariado internacional capaz, por sus principios, de dirigir la lucha contra el capitalismo. Debe fortalecer su cohesión interna, su dirección internacional, su acción, de tal modo que pueda lograr su objetivo: “la organización de acciones comunes de los proletarios de los diferentes países que persiguen un objetivo común: liquidación del capitalismo, establecimiento de la dictadura del proletariado y de una República de Concejos Internacional.
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